Lo que el budismo puede enseñarle a la neurociencia

El budismo y la neurociencia tienen mucho más en común de lo que nos pueda parecer a priori.

Ambas disciplinas analizan la mente desde distintas perspectivas: el budismo desde la introspección y la neurociencia desde el estudio científico.

La mente no es independiente del cuerpo. Es como una especie de viajero que se hospeda temporalmente en él.

La naturaleza de todas la cosas.

Y aunque el budismo no se puede considerar una religión como tal (al menos no con el mismo sentido que le damos en Occidente), desde los años 60 del siglo pasado, el budismo ha ido ganando cada vez más adeptos.

Esto ha despertado el interés de los científicos, que han querido profundizar junto a los monjes budistas en ese extraño viajero que es la mente, estableciendo un diálogo común.

Hoy hablamos de budismo y neurociencia.

El secreto que esconden los monjes budistas

Muchos son los científicos que se han quedado maravillados ante las proezas que a nivel neuronal han demostrado los monjes budistas.

Fieles defensores de la meditación, los monjes budistas llevan utilizando esta técnica de relajación mental desde hace más de dos mil años.

Los occidentales tuvimos que esperar a la evidencia científica para asumir que la meditación realmente funciona, y no fue hasta la creación de la resonancia magnética, cuando pudimos comprobar los efectos que la meditación provoca en nuestra actividad cerebral.

Desde entonces, se han realizado diversos estudios neurológicos en colaboración con varios monjes budistas. Los resultados han sido increíbles.

Neurociencia y meditación van de la mano

Richard J. Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Wisconsin, descubrió gracias al estudio neurológico con un monje tibetano que la meditación durante largos periodos de tiempo es capaz de producir “una activación neuronal a escalas nunca vistas”.

En un estudio realizado en el año 2002 en la universidad de Wisconsin, donde conectaron a un monje tibetano (Yongey Mingyur Rinpoche) 256 cables para medir sus ondas cerebrales mientras meditaba, descubrieron que “la práctica de la meditación mejora el rendimiento del cerebro a largo plazo”, al igual que la práctica continuada de un deporte mejora la capacidad física del deportista.

¿Cómo calibrar nuestras emociones a través de la meditación?

La meditación ha demostrado ser una de las mejores fórmulas para canalizar nuestras emociones.

Hoy se sabe a ciencia cierta que a través de la respiración, podemos alterar la emoción. La respiración lenta y profunda genera en nuestro cuerpo una sensación de bienestar y en nuestro cerebro, un estado de calma.

Por el contrario, una respiración entrecortada y rápida, provocan en el cerebro sensaciones de estrés, pánico, angustia e incluso, alteraciones del sueño.

Esto puede explicar por qué practicar ejercicios de meditación consciente, como el Yoga, pueden modificar nuestro estado emocional.

Meditar de manera consciente disminuye los niveles de estrés, bajando los niveles de cortisol en sangre y haciéndonos sentir más tranquilos y relajados.

Principales beneficios de la meditación

Meditar regularmente nos aporta una serie de múltiples de beneficios tanto a nivel físico como mental.

Cada vez son más las personas que dedican algún momento del día a desconectar sus pensamientos, lo que les ayuda a disminuir sus niveles de estrés y ansiedad.

Entre los principales beneficios de la meditación se encuentran:

  • Ayuda a descansar y relajar nuestra mente
  • Mejora la estabilidad emocional
  • Ayuda a tomar mayor consciencia personal
  • Relaja la tensión muscular
  • Mejora la concentración
  • Contribuye a mejorar el estado anímico

Una práctica que cualquier persona puede dominar con un poco de paciencia y perseverancia.

Nunca he meditado. ¿Por dónde empiezo?

La meditación, como cualquier nuevo hábito que implementemos en nuestra vida, requiere de un entrenamiento previo.

Si nunca has practicado la meditación, puedes comenzar con estos sencillos ejercicios:

  1. Empieza por la respiración
    La respiración es el principal nexo de unión entre el cuerpo y la mente. Conectar con nuestra respiración nos sitúa en el presente.
    Empieza por observar tu respiración y centrarte en el momento presente.
  2. Comienza con prácticas cortas
    Cuando estamos comenzando con la meditación, no conviene realizar Es mejor comenzar por periodos de tiempo cortos (5 – 10 minutos al día) e integrarlos poco a poco en nuestra rutina diaria.
  3. Busca un lugar cómodo
    La comodidad es esencial para nos distraernos cuando estamos meditando. Tanto el lugar escogido (debe ser un lugar sereno y tranquilo) como la ropa que llevemos debe ser lo más cómoda posible.
    Busca una postura que te sea cómoda y que te permita tener la espina dorsal erguida.
  4. No te desanimes.
    Todo nuevo proceso conlleva una fase de aprendizaje. No te desanimes si no te sale a la primera, con práctica y constancia, lo conseguirás.

En conclusión

El diálogo entre ciencia y religión no ha tenido una buena relación a lo largo de la historia, esa es la verdad.

Sin embargo, el interés del budismo por dar a conocer al mundo sus múltiples beneficios, así como la curiosidad que los monjes budistas han despertado en los científicos de todo el mundo, ha propiciado la apertura hacia un nuevo enfoque sobre la mente humana, un enfoque donde las emociones juegan un papel fundamental.

Llevo practicando la filosofía budista desde los 20 años y puedo dar fé de sus múltiples beneficios a todos los niveles.

“Saber cómo funciona nuestra mente y aprender a relativizar los problemas de la vida es fundamental para poder seguir avanzando”.

Ahora ya lo sabes, este es el legado que los monjes budistas han dejado a la neurociencia.

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